sábado, 20 de agosto de 2011

Yakarta y los yakartianos

La capital de Indonesia es un lugar lleno de contrastes donde el lujo y la pobreza coexisten. Sus habitantes son muy respetuosos y a pesar de lo que se puede pensar a priori de una megalópolis en la que viven 8 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza es un lugar seguro.

El calor es asfixiante, extremadamente húmedo. El mero hecho de esperar la llegada de un taxi al aire libre te hace sudar la gota gorda, por ello, los expatriados y las clases medias-altas hacen la vida en espacios interiores. El aire acondicionado se hace imprescindible. La vida nocturna es su principal reclamo y es famosa en el mundo entero por sus clubes nocturnos que ofrecen música moderna en impresionantes instalaciones. Nunca vi centros comerciales tan grandes y lujosos. Toda la publicidad con la que bombardean a sus habitantes está protagonizada por modelos que no son como ellos, son esculpidos figurantes con bonitas caras occidentales. La selección española es la más reclamada con fotos de futbolistas que ocupan fachadas de 20m de altura sobre gente desnutrida y sucia. Un aficionado al fútbol estaba convencido de que yo era Fernando Torres, supongo que nos verán a todos iguales, como nosotros a ellos. Nuestros ojos y narices grandes les gustan, les parecen irresistibles.

El extranjero es alabado por la sociedad, se le concede un estatus superior que algunos confunden llegando al menosprecio. Literalmente te tratan con alabanza, te miran con admiración. Recibes al pasar la mirada de cuantos te encuentras en el camino. En Yakarta si eres extranjero eres famoso. Si te paras a preguntar algo te contestan entre nerviosos y agradecidos de poder ayudarte. Y una vez te das media vuelta comparten la conversación que han tenido contigo. Si eres extranjero y estás es Jakarta es porque estás de viaje de negocios, vas a invertir en el país y ellos lo saben y te lo agradecen en cada gesto.

Ellas son amables, sonrientes, bellas y sumisas. El hombre tiene el poder absoluto. Permiten trabajar a la mujer, incluso está bien visto, aunque no aspiran a puestos de dirección sacrificándose por el cuidado del hogar y la familia. Las jóvenes ven al extranjero como una salvación, un futuro mejor.

Así son ellos, un pueblo risueño y feliz a pesar de los pesares. A mí me hicieron sentir muy bien y algún día volveré para visitarlos.